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Les voy a contar una historia, si me lo permiten. Puede ser un juego matemático, o un enigma de la economía, o un mensaje filosófico. O las tres cosas al mismo tiempo. Lo que ustedes quieran: Al morir Alí el Viejo, había dispuesto en su legado que sus cuatro hijos se repartiesen los 39 camellos de la herencia familiar. El mayor debía recibir la mitad. El siguiente, la cuarta parte de los mismos. Al tercero se le daría la octava parte. Y el último y más jóven de ellos quedaría con la décima parte del camelleo
En modo alguno les salían las cuentas, y se enfrentaban y peleaban contínuamente por cuadrar el legado sin que ninguno quisiera ceder nada. Acertó a pasar por allí un sabio que, montado en su propio camello, y al verlos discutir tan desaforados, sin decir palabra, bajó de su montura, y uniéndola al lote en disputa, procedió al reparto entre los hijos, según la voluntad de su difunto padre. Todos y cada uno de ellos recibieron la parte que les correspondía, y aún sobró un camello. Justo el que él había cedido de buen grado. Volvió a montar pues en su animal, y con el mismo silencio en que llegó, partió…
Bien. Además de sacar las cuentas, cada cual puede sacar también sus propias conclusiones, según prefiera. Y claro está, aplicarlo o no a lo que le convenga, aunque la solución del problema reside justamente en lo contrario a lo que convenga a cada cual, si no a lo que convenga a todos. A mí, personalmente, lo que me dice es que la única manera, la única forma, de cuadrar unas cuentas que no cuadran es actuando con serenidad, con generosidad, con solidaridad y con desprendimiento. Como hizo el sabio. Al final, no solo cada uno recibe su parte, si no que aún sobra para que nadie pierda lo que aportó en su buena voluntad. Es el principio de la justicia basada en el propio desinterés. De no haber sido así, si cada uno hubiese defendido solo su propio egoísmo, las cuentas jamás habrían sido echas, el patrimonio se hubiera perdido y los hermanos empobrecido. Y lo que es peor, la ruina se habría sumado al resentimiento.
Y ahora, por favor, díganme si no se parece mucho la moraleja del cuento a la situación social actual en nuestro país. El modo de actuar los partidos políticos entre sí, que solo miran la zancadilla, el insulto, el acaparamiento de votos y poder que permite el control de los camellos… y de la gamella. Miren las regiones autonómicas, disputando entre ellas por la mejor parte en el reparto de camellos. Despojando al estado común de todos de sus funciones propias y haciendo expolio de su influencia. Observen los principales agentes sociales, sindicatos y empresarios, atacándose por todo, culpándose de todo, enemistándose para todo, cuando ambos dos van montados en el mismo camello… ¿No es una forma tremendamente egoísta, absolutamente ciega, vulgarmente irresponsable y desgraciadamente suicida de cuadrar las pocas y pobres cuentas que nos quedan..?
Es verdad que somos un pueblo mediocre representado por actores mediocres y regido por gestores mediocres. Y no tenemos el sabio que ponga la humildad, el desprendimiento y el conocimiento que les falta a nuestro escaso sentido común. El que ofrezca antes de pedir. El que dé antes de tomar. El que ceda su propio camello antes de repartirlos. Lo malo es que el día en que aparezca, lo tacharemos de loco, nos mofaremos de él, y le robaremos su camello... Lo peor es que ni aún así nos saldrán las cuentas.
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